AVISO LEGAL Síguenos en “Submarino”: Suma de excesos En su sexto trabajo Thomas Vinterberg pretende un regreso a sus primeras propuestas, aunque se aleja de los méritos de aquellas en su finalmente simplona acumulación de excesos. Cedergren y Plaugborg, fantásticos. Nick Torp (Jakob Cedergren) y su hermano (Peter Plaugborg) viven condicionados por una infancia terrible, coronada por un episodio espeluznante y extraordinariamente doloroso. Su relación es la médula dramática de “Submarino”, sexta película de Thomas Vinterberg, uno de los padres fundadores del movimiento Dogma que adapta en esta ocasión el texto homónimo del autor danés Jonas T. Bengtsson. Con este título, el director regresa conscientemente a sus orígenes ─sin alcanzar las cotas de su obra más aplaudida, aquella “Celebración” (1998) que aún sirve como reclamo comercial una década después─ para narrar una historia mínima en sus recursos, pero que a pesar de su sobriedad apelotona excesos adulterando un tanto el vapuleo emocional con el que espectador abandona la sala. Los pecados de una madre terrible, esbozada tan sólo en un prólogo tan brutal como significativo, se marcan como estigmas imperecederos en los pequeños, separados por una distancia que va mucho más allá de lo meramente físico ─viven en la misma ciudad, aunque un mundo entero y ajeno discurre entre ambos─ y abandonados a una existencia gris, fría y descorazonada, perfecta y maquinalmente presentada desde una realización sobria, que con todo no logra evitar sensacionalismos meditados. Metálicamente lúcida desde la fotografía de Charlotte Bruus Christensen y rendida a un severo despliegue técnico que subraya las grandes interpretaciones que ofrecen Cedergren y, especialmente, Plaugborg, la película recuerda desde su tono de purga pesadillesca al último Von Trier ─incluido su infranqueable vacío central─, al tiempo que advierte nuevamente acerca de cómo el corazón del Occidente más próspero también sufre desde la marginación y la desigualdad social. Es esa triste elegancia, esa languidez estructural la que consigue impregnar de un providencial halo de sencillez una propuesta que, en conjunto, cede un tanto a su recolección de colmos y más colmos; la previsibilidad de los acontecimientos encuentra aquí una traba considerable en la construcción de los personajes, excéntricos de puro torturados ─es inevitable en buen modo anticipar la suerte que correrán no ya sólo los hermanos, sino periféricos como Helene Reingaard Neumann o Morten Rose, por ejemplo─. Rebuscada pero ingenua en sus velados simbolismos, salvajemente cínica en su trazado de esperanza a partir de la aceptación de la cotidianeidad feroz en la que malviven millones ─los Torp no son sino granos de arena en una playa global─, el claustrofóbico submarino de Vinterberg puede ser interpretado desde muy diversos prismas, todos ellos alarmantes desde su peligrosa cercanía ─especialmente en uno de sus discursos principales: la inutilidad, en muchas ocasiones, de rebelarse contra el pasado─. Si se convierte en grito o queda como susurro depende de la complicidad de cada cual, otra consecuencia de su avieso juego de lágrimas. Calificación: 7/10. * Ficha completa de “Submarino”.